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Consejos para iniciarse en la observación de pájaros

Los expertos dicen que es una mezcla de hobby y ciencia. Y que el inicio de la primavera es el momento ideal. Se necesita una guía, binoculares, una libreta de campo, ropa cómoda y botas.

Constanza Durán. DE LA REDACCION DE CLARIN.
Identificar a cada ave por su nombre y por su canto. Entender su comportamiento y las acrobacias que es capaz de hacer en vuelo. Y hasta alejarse por un rato del estrés de la ciudad. Todo eso buscan los amantes de los pájaros en sus salidas de avistaje, que a veces implican largas esperas al aire libre para ver, aunque sea durante 5 segundos, alguno de los casimil ejemplares de aves que existen en el país.

El avistaje de aves se vuelve especialmente interesante con los primeros días de la primavera: en esta época las aves empiezan a nidificar. Es tiempo del "coqueteo" y la conquista. El canto se vuelve una herramienta fundamental para atraer a la hembra. Además, en el hemisferio Norte llega el otoño y muchas especies, como las golondrinas de San Juan de Capistrano, emigran a Buenos Aires.

El avistaje de aves tiene en el país unos 3.000 adeptos, nucleados en la asociación Aves Argentinas (www.avesargentinas.org.ar). Pero los más fanáticos están en Inglaterra: son 1.200.000 los que hacen avistajes. Y Estados Unidos tiene 600 mil seguidores de las aves. 

Para iniciarse en la observación de aves hay que seguir algunos consejos. La actividad es una mezcla de hobby y ciencia, que todos pueden practicar: lo único que se necesita es un equipo y el lugar adecuado para ver a las aves. Las reservas naturales urbanas son ideales para despuntar el vicio. "Hay que estar muy atento. Y tener buena onda", dicen los que saben. 

Además, se necesitan binoculares. Se recomiendan tres tipos: 7x42, 8x30 y 10x50. El primer número es la cantidad de veces que la lente acerca al objeto que se mira. El segundo, marca el campo de visión. Para elegir los binoculares hay que tener en cuenta su peso porque hay que llevarlos en la mano o colgando.

También hay que llevar una guía. Es un libro con dibujos y textos de cada especie. Son fáciles de transportar y se consiguen en librerías. En las salidas, tampoco hay que olvidarse de la libreta de campo, para anotar todo lo que se ve y las sensaciones que se experimentan en el recorrido. Otra recomendación: vestirse con ropa bien cómoda de colores apagados, como el marrón o el gris, y usar botas de goma por si hay que meterse en el agua.

"El código básico es estar en silencio. Si van en grupo, que no sean de más de tres personas. Si son más, adentro de la reserva es mejor dividirse", aconseja Andrés Bosso, de Aves Argentinas. La mejor hora para hacer avistajes es temprano en la mañana. Un buen horario es de 6.30 a 11. Y para los que prefieren el atardecer hay que ir entre las 17 y las 20.

Conviene hacer un curso de iniciación a la observación antes de la primer salida. Los cursos cuestan 40 pesos. Son 8 clases de dos horas. Otra opción: consultar en las reservas si hay salidas con guías. Con el equipo listo, lo único que resta es elegir el lugar para hacer los avistajes. 

En la Capital, se puede empezar por la Reserva Ecológica de Costanera Sur y los Bosques de Palermo. Pasando la General Paz, pero muy cerca, están la Reserva Natural de Vicente López y el Refugio Ribera Norte, en San Isidro.

En una mañana en la de Costanera Sur se pueden ver hasta 50 especies diferentes. El carancho es una de ellas. Tiene el pico rojo, algunas partes sin plumaje, la garganta color ocre, y las patas anaranjadas. Otro de los habitantes es el pirincho. Lo más llamativo: su cola de tres colores —blanco, negro y ocre— y un copete de plumas largas en la cabeza. Canta mientras vuela y, según dicen, le gusta tomar sol. También hay gallaretas, cisnes de cuello negro y patos de cabeza negra.

Otra posibilidad para descubrir aves son los bosques de Palermo. Allí se puede ver, por ejemplo, el picazurú. Es de la familia de las palomas, de color borravino y las plumas de la nuca tienen ribetes azul metalizado. Cuando vuela se le ve una banda blanca en las alas.

Durante un paseo por Palermo también se puede ver al martín pescador grande. Los expertos aseguran que su canto es muy parecido al sonido de una matraca. Para encontrarlo hay que mirar en las ramas de los árboles. Allí se para y queda estático durante unos minutos mirando el lago. Una vez que encuentra a su presa —peces del lago—, se zambulle en el agua. También está el macá grande, de canto melancólico y fuerte, como un lamento. 

Cerca de la ciudad, en La Lucila, está la Reserva Natural Vicente López. Los que vayan hasta allí podrán ver al pájaro carpintero real común, que anida en los huecos de los troncos. Lo más llamativo es su pecho amarillo con puntos negros. Otro visitante de la zona es la cotorra. Su nido se parece a un edificio con varios compartimentos, donde vive en pareja.

La Ribera Norte, en San Isidro, está llena de garzas blancas que se alimentan de peces. Pueden alcanzar los 65 centímetros de altura. Su prima, la garcita común, también vive en esta reserva. Tiene el pico negroy mide unos 40 centímetros. Otros vecinos de la zona: el ñacurutú, de la familia de los búhos, y el burrito.

Pero si de observar aves se trata, alcanza con caminar hasta la plaza más cercana, salir al jardín de una casa o mirar con atención en plena calle. De a poco irán apareciendo palomas, horneros, golondrinas y hasta calandrias. "Es una actividad ideal para desestresarte. Nunca dejás de sorprenderte", asegura Bosso. 

Fuente:http://edant.clarin.com/diario/2002/09/29/s-03815.htm

 

 


 

 

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